Un nuevo estudio liderado por la doctora Ariana Paulina-Carabajal del INIBIOMA (CONICET-UNCo) y el doctor Juan Porfiri del Museo de Ciencias Naturales de la UNCo, en colaboración con el Museo Paleontológico Bariloche, el Museo del Desierto Patagónico de Añelo y el IITCI (CONICET-UNCo), logró reconstruir por primera vez el interior del cráneo de Megaraptor, uno de los dinosaurios carnívoros más enigmáticos del Cretácico patagónico. El trabajo, publicado en la revista científica Ameghiniana, abre una ventana inédita al mundo sensorial de este depredador y plantea una pregunta fascinante: ¿cómo “pensaba” el Megaraptor?
Reconstrucción digital del cerebro
Mediante microtomografías computarizadas de alta resolución realizadas en la clínica Kranex de Neuquén, los investigadores rediseñaron la morfología de la caja craneana y describieron detalles inéditos de la cavidad endocraneal. El análisis permitió reconstruir el encéfalo y el oído interno, revelando un mosaico evolutivo de rasgos primitivos y avanzados.
Neumatización craneana: cavidades llenas de aire en huesos del cráneo, similares a las observadas en tiranosauroideos y celurosaurios, lo que refuerza la hipótesis de que los megaraptóridos estaban más emparentados con los coelurosaurios que con los alosaurios clásicos.
Cerebro primitivo y moderno: hemisferios poco expandidos y bulbos olfatorios pequeños, pero un cerebelo con flóculo desarrollado, indicador de agilidad locomotora y coordinación visual.
Oído interno: rango auditivo comparable al de Velociraptor, lo que sugiere una capacidad sensorial eficiente para detectar presas.
Quién era Megaraptor
Megaraptor fue un dinosaurio carnívoro de entre 7 y 8 metros de longitud, hallado en rocas cretácicas de Neuquén. Su cráneo largo y bajo, de unos 80 cm, estaba armado con dientes curvados hacia atrás para desgarrar carne. La característica más notable eran sus garras curvas de más de 40 cm, que lo convirtieron en uno de los depredadores más espectaculares de su tiempo. Formaba parte del grupo Megaraptoridae, junto a especies como Murusraptor, Tratayenia, Joaquinraptor, Maip, Aerosteon y Orkoraptor.
Un depredador ágil en la Patagonia
Los resultados sugieren que Megaraptor fue un depredador bípedo activo, con sentidos afinados y coordinación motora avanzada. Su neuroanatomía revela una notable plasticidad evolutiva: un cerebro juvenil que combinaba rasgos primitivos con adaptaciones modernas, capaz de competir con otros celurosaurios contemporáneos.
Este hallazgo aporta evidencia sólida para sostener que los megaraptóridos eran celurosaurios basales, alejados de los tiranosáuridos más conocidos. Además, demuestra que la evolución del cerebro en dinosaurios fue compleja y no lineal. La investigación reafirma el papel de la UNCo como institución clave en la paleontología argentina, articulando equipos interdisciplinarios y tecnología de vanguardia para desentrañar secretos de la vida prehistórica.
El estudio del cráneo de Megaraptor no solo reconstruye la anatomía de un depredador del Cretácico, sino que también ilumina la evolución de los sentidos y la neurobiología en dinosaurios. Gracias a la cooperación científica y al aporte de la Universidad Nacional del Comahue, hoy sabemos que este cazador patagónico fue mucho más que garras y dientes: fue un animal con un sistema sensorial sofisticado, capaz de dominar su entorno con precisión y agilidad.




