El Museo de la Comunicación Regional (MCR), dependiente de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (FADECS) de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), recibió la donación de un valioso acervo fotográfico y equipamiento por parte de Juan y Marilú Villarruel, hijos de Juan Villarruel, fotógrafo histórico del diario Río Negro. La entrega constituye un aporte fundamental para la preservación de la memoria visual del Alto Valle y para la formación de nuevas generaciones de comunicadores.
El material donado incluye negativos que retratan hechos históricos de los últimos 65 años, además de cámaras, ampliadoras, radios y un grabador de cinta abierta. Todo el conjunto pasará por un proceso de evaluación, inventario y digitalización, tras lo cual será puesto a disposición del público. La donación responde a la voluntad expresa de Villarruel de que su archivo forme parte del MCR y se convierta en herramienta educativa para estudiantes y docentes de la FADECS.
Juan Villarruel: una vida detrás de la lente
Villarruel, fallecido en marzo de este año, fue uno de los reporteros gráficos más emblemáticos de la Patagonia. Su trayectoria en el diario Río Negro, donde trabajó desde 1962 hasta 1994, lo consolidó como referente del fotoperiodismo regional. Testigo de la evolución tecnológica, pasó de preparar emulsiones en placas de vidrio a presenciar los primeros pasos de la era digital.
Su vida estuvo marcada por el esfuerzo: tras perder a su padre a los 9 años, trabajó como chacarero, camionero, zapatero y boxeador antes de descubrir la fotografía en la plaza de General Roca junto al “fotógrafo placero” José Ramos. Desde entonces, su oficio se convirtió en pasión y legado.
Testigo de la historia patagónica
Entre sus trabajos más recordados figuran la huelga de El Chocón en 1969 y el Rocazo en 1972, imágenes que hoy forman parte del patrimonio visual de la región. Su generosidad para transmitir conocimientos marcó a generaciones de fotógrafos, como César Izza, quien lo reconoció como un “maestro” del oficio.
Antes de consolidarse detrás de la lente, la vida de Villarruel estuvo marcada por el esfuerzo pues, tras perder a su padre a los 9 años en un accidente vial, tuvo que salir a trabajar. A lo largo de su juventud fue chacarero, verdulero, camionero, zapatero e incluso boxeador. Sus primeros pasos en la fotografía los dio en la plaza de General Roca junto a José Ramos, un histórico «fotógrafo placero». Con él aprendió el oficio de manera completamente manual como calcular distancias, usar el diafragma y administrar la luz natural.
Juan ingresó al Diario Río Negro en 1962 y se jubiló en 1994, etapa que él mismo definía como «los mejores años de su vida» según declaró en una entrevista al mismo diario. Su consolidación en el fotoperiodismo llegó cando, ante un accidente ocurrido el 12 de noviembre de 1963, tomo una cámara del diario y logró las fotos que se publicaron al día siguiente, marcando el inicio de su extensa carrera. Durante su paso por la redacción, fue testigo de la evolución tecnológica en el medio. Empezó preparando él mismo la emulsión para los negativos en placas de vidrio, revelaba a mano y llegó a presenciar la primera etapa de la era digital.
Entre sus trabajos se destacan la huelga de El Chocón en 1969 y el denominado Rocazo en 1972. En lo profesional, más allá del archivo documental que dejó en el diario, marcó a generaciones de fotógrafos como César Izza quien reconoció en el un «maestro» destacando su generosidad para transmitir los secretos del fotoperiodismo en la región
El rol del Museo de la Comunicación
El MCR, creado en la FADECS, se consolida como espacio de preservación y difusión de la memoria comunicacional de la Patagonia. La incorporación del archivo Villarruel amplía su acervo y reafirma la importancia de la universidad pública en la construcción de relatos colectivos. La donación no solo honra la trayectoria de un fotógrafo, sino que también fortalece el vínculo entre la academia y la comunidad.
La donación del acervo fotográfico de Juan Villarruel al Museo de la Comunicación Regional de la UNCo constituye un hito para la preservación de la memoria patagónica y un recurso invaluable para la formación de comunicadores sociales.




