Las invasiones biológicas marinas se consolidan como uno de los cinco motores del cambio global impulsado por la actividad humana. Estas especies exóticas alteran ecosistemas, erosionan la biodiversidad y generan impactos económicos, sanitarios y culturales. El tráfico marítimo, que transporta cerca del 90% de los productos del comercio mundial, es el principal vector de dispersión: organismos viajan en el agua de lastre o adheridos a los cascos de los barcos, colonizando estructuras portuarias como pilotes y rompeolas.
En este contexto, un equipo de investigación encabezado por Karen Castro, becaria del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET) e integrante del Grupo de Ecología en Ambientes Costeros (GEAC), llevó adelante un relevamiento en los puertos de Puerto Madryn y San Antonio Este entre 2016 y 2018. El trabajo combinó métodos de muestreo de fouling, paneles de reclutamiento y sedimentos, permitiendo una mirada más amplia sobre las comunidades de invertebrados y macroalgas presentes.
Resultados del monitoreo
Los hallazgos fueron contundentes: se identificaron 30 especies exóticas y 7 criptogénicas, algunas nuevas para la región y otras reclasificadas tras revisiones recientes. En Puerto Madryn, la riqueza de especies invasoras se triplicó en once años, un aumento asociado al mayor ingreso de buques internacionales, incluidos cargueros y cruceros. En San Antonio Este, aunque no se registró un incremento similar en la riqueza, sí se observaron cambios en la composición de las comunidades, con la aparición de especies formadoras de hábitat que modifican el entorno.
Entre las especies detectadas se destacan algas y ascidias que afectan cultivos de mariscos, además de depredadores como el cangrejo verde Carcinus maenas, capaz de desplazar a especies nativas y alterar cadenas tróficas. Estos resultados subrayan la necesidad de fortalecer las capacidades taxonómicas y de implementar monitoreos continuos en los puertos, principales puntos de introducción de organismos.
El estudio advierte que, una vez establecidas, las especies invasoras son muy difíciles y costosas de erradicar. Por ello, la prevención y la detección temprana se presentan como las estrategias más efectivas. Aunque existen normativas internacionales para el manejo del agua de lastre, aún no hay regulaciones equivalentes para el biofouling, lo que mantiene abierto un canal de dispersión.
Un aporte para la gestión regional
La investigación, realizada en colaboración con especialistas como Clara Giachetti, Nicolás Battini, Evangelina Schwindt (IBIOMAR-CONICET) y Enrique Morsán (CIMAS-CONICET/UNComa), aporta datos inéditos y herramientas para diseñar políticas públicas que enfrenten las invasiones biológicas marinas en Patagonia.
En definitiva, los puertos patagónicos se revelan como escenarios críticos de un fenómeno silencioso pero de enorme trascendencia. El trabajo científico pone en evidencia la urgencia de monitorear, prevenir y gestionar estas invasiones, que ya forman parte del mapa oculto de los ecosistemas marinos de la región.
El trabajo de la Dra, Karen Castro forma parte de su tesis de doctorado para optar por el título de doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional del Comahue en el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB), defendida en junio del 2022.




